DOLOROSO TESTIMONIO

 

 

TINA HOYguerra secuelas

 

 

 

 

Taniguchi Sumiteru tenía 16 años la mañana del 9 de agosto de 1945. “Cuando la bomba explotó, los intensos rayos de calor de 3.000 a 4.000 grados centígrados me abrasaron toda la espalda. También fui expuesto a la radiación invisible. A continuación, la explosión de la bomba me lanzó con mi bici a unos 4 metros de distancia hasta que choqué contra el suelo.”

Desorientado y rodeado de cuerpos, al final encontró a alguien que le ayudara. “Le pedí a una mujer que me arrancara la piel quemada que colgaba de mis brazos.”

Lo llevaron fuera de la ciudad y lo dejaron en lo árboles donde las fuerzas aéreas de EE.UU. continuaron disparando a los supervivientes desde sus aviones. Por alguna razón, aquella noche sobrevivió. “Por la noche empezó a llover un poco. Sorbía el agua que goteaban las hojas y así pasé la noche. Cuando amaneció, encontré muertas a todas las personas a mi alrededor.”

2 días más tarde lo rescataron y lo llevaron a un hospital improvisado donde no había medios para tratarle las heridas. Pasado un año, las heridas empezaron a pudrirse y los gusanos a torturarle. “Tumbado boca abajo y sufriendo un dolor y una agonía atroces, gritaba en vano, ‘¡Matadme!’ Nadie creía que sobreviviría un día más. Todas las mañanas, oía a los médicos y a las enfermeras decir en voz naja, ‘Aún está vivo.’”

Al final, “después de 3 años y 7 meses me dieron el alta del hospital, a pesar de no estar totalmente curado.”

Pero ahí no acabó el tormento de Taniguchi. “Hacia el año 1982 empezaron a desarrollarse tumores en las cicatrices de mi espalda y tuvieron que operarme para extirparlos.”

Desde entonces ha tenido que ser operado varias veces para extirparle varios tumores.

En su presentación ante los delegados, expresa su temor al momento en que todos los Hibakusha hayan desaparecido. “Temo que los recuerdos olvidados puedan conducirnos a una renovada afirmación de las bombas atómicas.” “Pero a todos los que hoy están aquí les ruego que no aparten la vista de mí. Mírenme una vez más. He sobrevivido milagrosamente, aunque para mí ‘vivir’ ha sido ‘soportar la agonía’. Los supervivientes de la bomba atómica llegaron a ser un máximo de 380.000, pero ya han disminuido a 230.000. Cargando con las miserables cicatrices de la bomba atómica por todo nuestro cuerpo, nosotros, los Hibakusha, seguimos viviendo el sufrimiento.”

Al final de su declaración, con todos los delegados escuchando y prestando la máxima atención, ha señalado algo que es obvio para la sociedad civil: “Habiendo sufrido el primer infierno de la guerra nuclear hace 65 años, hemos conocido el horror de las armas nucleares instintivamente. No hay defensa contra los ataques nucleares y no puede haber ‘represalias’ contra ellos. Si un arma nuclear llega a utilizarse por tercera vez, esto conducirá a la aniquilación inmediata de la humanidad y al fin toda vida sobre la tierra.”

Taniguchi ha recibido una gran ovación de pie por su valor, tanto por parte de los delegados como de los representantes de la sociedad civil. Solo queda esperar que la imagen de las heridas del adolescente quede grabada en las conciencias de los diplomáticos cuando, haciendo grandes esfuerzos, se dispongan a encontrar el camino hacia el progreso en la 8ª conferencia de revisión del TNP.

 

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